Tu sonrisa es el mejor antídoto.

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Hoy es el Día Internacional
de la lucha contra el Cáncer, hoy es un día común para muchos, porque cuando la enfermedad no está en tu familia, ves todo tan lejano y a la vez tan imposible…

¡Hace algunos meses le diagnosticaron a mi mami cáncer! Y entonces la perspectiva cambió completamente, porque hoy no solo compartimos la imagen ni ponemos en redes el “hashtag” de lucha contra la enfermedad, ésta vez la estamos viviendo en carne propia.
Y escuchamos mucho mas frecuente frases y palabras que antes nadie mencionaba: “guerreras”, “luchar”, “tengan fe”, “pidan a Dios”, “no desistan” y un largo etcétera, hoy no es un día normal para mi familia, hoy es un día que nos recuerda la importancia de vivir cada día.

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Hoy, quiero reconocer a todos esos que, como nosotros siguen en pie de lucha, a los que no han desistido, a los que siguen teniendo fe y pidiendo a su Dios fuerza para seguir adelante, a todos los guerreros que están enfrentando valientemente los medicamentos, los procesos dolorosos y hasta las miradas incómodas de las personas.

Hoy quiero reconocer a mi mami, que nos enseña cada día que la vida es una, que tengas o no tengas cáncer, hay que vivirla y disfrutarla, que la actitud es mas fuerte que cualquier medicamento, que la unión es poderosa, que ¡el amor puede contra todo!
Mami, hoy es un día cualquiera para muchos pero para mí, es el recordatorio de que tu sonrisa es el mejor antídoto contra el mal que sea.

Por Xochitl Degollado.

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Mis hermanas

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Cuando se recibe a fuerzas el cáncer en la familia, supongo que cada integrante toma las cosas de distintas maneras. En este camino de vivir a fuerzas el cáncer en mi familia, todos: nietos, hijas, esposos, tías, tíos, primos, abuela, todos hemos asumido actitudes diferentes, y creo que todas están justificadas por el shock de recibir a la visita permanente e incómoda a tu casa.

Hay familiares que han llorado y hay quien nos ha inyectado de buena vibra.
Hay quienes se han adherido a nuestro dolor y quien tal vez le ha faltado un poquito de empatía, pero al final del día todos como familia estamos unidos.
Pero mis hermanas… ay mis hermanas!!!

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Ambas son objetivas, enfocadas en ocuparse más que preocuparse.
Una mantiene la calma y muchas veces guarda silencio, dice que todo va a estar bien y ve más opciones, desde internet hasta lo que le dijo un compañero que hacía la hermana de una vecina de su tía, pero siempre con la actitud de sumar.
Otra con su abrumadora ecuanimidad y optimismo me provoca gritarle y decirle: carajo ya llora y quiébrate de una buena pinche vez!!! (Cosa que no dudó que hagan cuando están a solas o con sus esposos).
Pero ambas, están aquí cuando yo evidentemente hay días que me derrumbo, cuando un día lloro y me sirve de katarsis, y al otro estoy de vuelta como un ave fénix.

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Mi mamá jamás dejó que mis hermanas y yo estuviéramos más de un día enojadas una con la otra, y cuando alguna vez mi hermana mayor y yo nos peleamos hasta los jaloneos (por cierto, yo gané) mi mamá gritaba angustiada como si fuera la tercera guerra mundial “¡Cálmense! ¡Son hermanas!”

Estoy segura que mi mamá hizo, hace y seguirá haciendo un gran trabajo! Mis hermanas son mis mejores amigas, mi extensión, y mi fuerza!
¡Gracias mamá por llenarnos de amor y hacernos fuertes!
Gracias Tatis y Carna por lo que hacen por mi y por nosotras todos los días!
Seguimos hergggggmanaaaas!!!
¡Las amo!

 

Tony Degollado

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Tatuajes

Siempre me han gustado los tatuajes; me hice el primero siendo adolescente, y me faltan aún algunos cuantos. Pero más que el gusto de la tinta sobre la piel, hacerse un tatuaje con alguien o dedicado a alguien, creo que es una muestra única de romance y complicidad… es hacer palpable el hecho de querer traer contigo a esa persona para siempre!

El tatuaje de hoy es emocionante, pequeño pero gigante en significado.  Desde que mi hijo era un bebé mi mamá le decía “Papachito”, y Mau desde siempre le ha dicho a mi mamá “Mamachita” o “Mamachi”.

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Dudo que a mi mamá le encanten los tatuajes, aparte de su expresión de dolor y sufrimiento, crecí escuchando que eran para los de “la cárcel”, jajaja! Pero en su inmenso amor, esta señorona de 70 años ha ido creciendo con sus hijas y nietos, ha aprendido a usar el celular y las redes sociales, sabe qué meme, qué tacones, qué muñecas y qué videojuegos están de moda.  En octubre del año pasado se tatuó junto con mis hermanas y yo, y hoy lo hace con su nieto, que más que nieto, estoy segura que lo ve con el amor de una madre.
A 8 días de su quinta quimioterapia, apenas con peso recuperado y la hemoglobina más alta, mi mamá nos sigue mostrando lo increíblemente fuerte que es. Ha pasado a estar en el sector de los “tatuados como en la carcel” por darle gusto a sus hijas, y a su “Papachito”, a desprenderse de ideas arraigadas, a aguantar el dolor físico de un tatuaje (que a mi gusto es un dolor bonito), y sobre todo que hace todo esto con tal de vernos felices. 
Todos deberíamos algún día tatuarnos con y para alguien.

¡Me encantan los tatuajes, y me encanta mi mamá!

 

Tony Degollado.

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Tony Degollado.

El poder de dar gracias.

Mis hermanas siempre nos molestan a mi esposo y a mí por ser tan agradecidos. Siempre estamos dando gracias, “gracias por venir” “gracias por sacar a basura” “gracias por servir la comida” “gracias, gracias gracias…” y es que es una costumbre que hemos adquirido sin querer, estando juntos. A veces hasta chocamos y hasta nos han llegado a regañar de tanto agradecer, pero la verdad es que se siente bien.

En medio de una situación difícil, dar gracias es sanador y liberador, es tener la posibilidad de reconocer que allá afuera, donde no hay caos ni temor, hay un espacio en tu vida donde cabe el agradecimiento y la capacidad de ver otras cosas, que hay algo bueno por lo cual estar aquí y seguir.

Esto va más allá del cáncer, ¿eh? Se hace presente en cualquier situación que represente adversidad. Decir GRACIAS es dar una parte de ti al Otro, llámese persona, vida, situación o Dios. Es bajar un poco el ego, nuestras creencias de superioridad y afinar más nuestra humildad. Es recordarnos que no somos invencibles y que, cuando recibimos el apoyo del Otro para alcanzar algo, nos sentimos reconfortados, fuertes, capaces; nos sentimos agradecidos.

Hoy viernes 19 de octubre, quiero dar GRACIAS. Porque seguimos avanzando, seguimos caminando y seguimos creciendo. ¡Que si estamos creciendo! Es irónico que tengamos que crecer tanto sólo hasta que tenemos una adversidad con nosotros, pero así pasa. No le encuentro lógica, créanme, la idea es siempre aprender y siempre crecer y trabajar en ser mejores personas y así..sí, lo hacemos, pero cuando al delicioso platillo que es la vida, se le agrega el condimento de la adversidad, sí que se hace rica. No soy chef, pero si lo fuera diría que es una explosión de sabores en tu boca (siempre he querido usar esa frase en algo que escriba) y tal cual, todo explota.  Y ese condimento, afortunada o desafortunadamente, que a veces es sumamente agrio, le da un toque especial, y crecemos, ¡vaya que crecemos!

No quiero que sea una ocasión especial para dar gracias, hay que darlas todos los días, gracias a quien está leyendo esto, que mientras me lee puede compartir un poco de mi sentir, o tratar de, en verdad gracias.

Se siente bonito y está bien.

Sólo para terminar, hoy es el día internacional del cáncer de mama, ya que llegaron al final de mi escrito, sólo como recordatorio, practiquen el chequeo frecuente, empecemos con el autocuidado.

Ahora sí, hasta pronto.

¡Gracias!

 

Citlalli Degollado.

 

Sobre enseñanzas de mi madre.

Pasó la tercera quimioterapia. Mientras me desmaquillo, me baño, y me preparo para dormir, tengo casi la misma sensación como cuando regresas de una fiesta. La plática, las carcajadas y la adrenalina de una tarde divertida siguen presente.
Hoy es diferente que hace casi tres meses, cuando me frustraba que la gente no entendiera por lo que estaba pasando (aún cuando ni siquiera yo me atrevía a decirlo).

Cuando ves que el resto del mundo no se detiene por tu dolor, cuando en realidad el mundo no se detiene por ti o por nadie. Es cuando de alguna manera extraña y hasta mágica sacas fuerzas no sé de donde.
Supongo que esta enfermedad llamada Cáncer, como seguramente tantas otras enfermedades, tiene la capacidad de poner tu mundo de cabeza, te hace darte cuenta que los que parecían tan amigos no lo son, y gente ajena se vuelven tus más comprensivos y leales compañeros. Hace al más ateo rezarle a todos los santos, y hace al más creyente renegar de Dios.
Hace que tus días sean una subida y bajada de emociones, de inseguridades y de miedos.
Lloras y casi instantáneamente te limpias las lagrimas para estar fuerte para los tuyos.
Y en algún momento empiezas a creer de una manera casi romántica que el “amor ayuda”, que la unión da fortaleza.  Y es real, ¡es cierto! ¡Meto las manos al fuego por ello!

En momentos así, valoras más que nunca a tu familia, a tu familia política, tus cuñados se vuelven tus hermanos, tus hermanas y tu son simplemente una misma, y tus hijos, tu esposo, y tu familia ¡lo son todo! Los amigos se vuelven cimientos y las palabras de empatía y aliento no hacen más que fortalecerte todos los días.
Hay muchas cosas que esta enfermedad me está enseñando… mi mamá lo ha sabido hacer desde siempre. Vivir al día, disfrutar cada momento, sobreponerse rápido, sonreír, perdonar, ponerse aretes y pintarse los labios para estar lista para lo que venga.
No puedo aún agradecerle al cáncer por llegar a nuestras vidas, y dudo que algún día lo haga! Pero agradezco y festejo por tener la familia que tengo, por tanto amor y apoyo, por los amigos, por los buenos deseos, los buenos momentos, y por estar aquí!
Por sacar fuerzas aún en medio de tantas lágrimas y tanta vulnerabilidad.
Confirmo que soy una mujer segura y fuerte, mis hermanas y yo lo somos…

¡Tenemos a la mejor maestra!

Tony Degollado.

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Mi mamá tiene cáncer.

Mi mamá tiene cáncer.

28 de julio, estando de viaje, me entero de una noticia inesperada, el mundo se puede derrumbar de una manera tan fácil en cuestión de segundos. Los paisajes bonitos ahora son sombríos y llenos de dudas, se nubla la mirada por las lágrimas, el apetito se va y la desesperación impera. Necesito volver, tomar el primer vuelo a mi país y correr a esos brazos, a acurrucarme, a estrecharlos fuertemente y pedirles que me enseñen a vivir, a vivir no sólo esto, que me enseñen a vivir en general. De pronto siento que en 31 años no he aprendido nada, y me urge sentarme a sus pies y observarla y que me explique de qué trata la vida, cómo la puedo vivir, que me diga cómo puedo seguir. Los días posteriores son nublados, son raros. Mudanza, despedidas y preparación física y emocional para lo que se viene. Tengo que mentalizarme y sacar fuerzas de no sé dónde, pero algo tengo que hacer. Mi mamá tiene cáncer.

Han pasado casi 2 meses desde ese día. A veces siento que han pasado años, otras que apenas fue ayer. Soy psicóloga de profesión, el enfoque de terapia que trabajo su lema por excelencia es “el aquí y el ahora” y no es hasta ahora que me hace tanto sentido. Desde entonces vivo un día a la vez, no me importa lo que pasó ayer ni lo que pase mañana, me importa este momento, ahora más que nunca. Me importa ver a mi mamá a unos metros de mi con su celular, porque siempre ha sido popular en las redes sociales, ya saben, es de esas mamás modernas. Me importa verla llena de ganas. Me importan estos segundos mientras escribo esto y pensar que al leerme, alguien que pueda estar viviendo lo mismo que yo, sienta un abrazo reconfortante y sepa que de este lado de la pantalla hay alguien que comparte sus emociones, sus miedos, tristezas y alegrías, y sobre todo, sus esperanzas. Antes de escribir esto, pedí autorización a mi madre, pues es que lean su historia muchas personas, y me dijo que adelante, que si esto puede ayudar a alguien más, que lo escriba. Y aquí estoy.

Aún no logro encontrar la palabra que describa lo que mi mamá y mi familia estamos viviendo, lo que hemos escuchado mucho es luchar o batallar, pero esas palabras todavía no me acomodan. No me gusta la idea de luchar con algo que está dentro del cuerpo, es algo nuestro, seguramente más adelante pueda encontrar una mejor palabra. El punto es que en eso estamos, digamos, conviviendo con el cáncer, conociéndolo, observándolo hasta saboreándolo, aunque no sea tan agradable, pero pues aquí está, ya llegó, pasó sin tocar a la puerta, no lo podemos correr así nada más, así que sin ser groseros, tal vez le invitemos una taza de café y lo escuchemos, seamos perceptivos y tratemos de entender qué nos va a enseñar, porque seguro algo vamos a aprender. El cáncer no es desconocido, en mi familia tres mujeres lo han recibido antes, pero somos mujeres fuertes (y aunque a veces no tanto) y si no, sacamos la fuerza o la creamos juntas. Así que ya no nos espanta tanto. Eso sí, no somos superhéroes  ni las amazonas, somos mujeres comunes y corrientes, que tienen debilidades, miedos, anhelos, errores y así, somos humanas, fin.

El cáncer te hace descubrir partes que no conocías de tu persona, te obliga a levantarte, a escarbar, a hacer cimientos, a dar impulso. Aprendes de la persona, de la enfermedad y de ti misma. Ya no estoy enojada, bueno, al menos hoy. Pero recuerden que ahora sólo pienso en el ahora. Puede que otro día esté furiosa, otros días con mucha paz y otros sólo ida pensando en nada o tratando de evitar el presente. Hoy mi enojo es menos, poco a poco me he ido haciendo más amable con el cáncer, no sólo acepté que ya entró a mi casa, ahora ya hasta le ofrecí un asiento. Es una situación que no queremos, pero ya está y pues ahora hay que ver qué hacemos con ella. No negarla, no pelear contra ella o refunfuñar, vamos a ver qué hacemos con esto.

Entre las cosas que he aprendido en este tiempo es que hay muchas personas que quieren a mi mamá y que dan lo mejor de sí. He descubierto de mí misma que no me gusta la compasión ni la lástima, que me pone increíblemente de malas las caras largas o de tristeza, o que lloren en frente de mi mamá. Tiene cáncer, pero está aquí con nosotros, con vida y afrontando esta situación, y aparte, se da cuenta de todo, recuerden, es cáncer no ceguera. He descubierto que agradezco las actitudes de valor y fortaleza, de buena vibra, de apoyo y sonrisas. La prudencia, la empatía y el apoyo, eso lo recibo con los brazos abiertos. Al mismo tiempo, aunque me moleste todo lo anterior, he aprendido que para la gente no es tan fácil asimilar la noticia, que cada uno tenemos nuestras formas de afrontar los momentos difíciles y pues, también en este tiempo, he tenido la tarea de trabajar en mi paciencia y tolerancia (que por cierto para los que me conocen sabrán que es muy poca –a veces nula-).

Seguimos aprendiendo, y cuando aprendemos inevitablemente crecemos. Hay veces que odio al mundo, inlcuso a mis hermanas o a mi esposo, y hay otras que les amo desenfrenadamente. Pero es parte del día a día y también es válido. Esto no es una cuestión de cáncer o cualquier otra enfermedad, es cuestión de convivir con otros en momentos difíciles; así que trato de no asustarme ni que me rebase, porque es parte de la vida.

21 de septiembre, seguimos en la convivencia con el cáncer, en el camino de aprendizajes, de mezclas de emociones, se subidas y bajadas, más fuertes que una montaña rusa.

Feliciana, esto y todo es por ti. Por tu templanza, tu belleza externa (porque los que no la conozcan mi mamá es una preciosura, mujer alvaradeña caray!) y por tu aún más grande belleza interna. Gracias por enseñarnos todos los días cómo vivir, porque sin sentarme junto a ti con una libreta a escribir “Pasos para vivir mi vida” (aunque me dan ganas de hacerlo), me estás enseñando tantísimo todos los días.

Esposo, hermanas, sobrinos, cuñados, sigamos haciendo esta gran red.

Familiares y amigos de personas con cáncer, esto es normal, sigamos caminando juntos.

 

 

Citlalli Degollado.

cdl.psico@gmail.com